Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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jueves, 19 de abril de 2018

El beso de la vida




La imagen le valió un Pulitzer de fotografía en 1968  a Rocco Morabito, que captó el dramático momento cuando volvía de cubrir una huelga de ferrocarril el 17 de julio de 1967. Un aprendiz de instalador de lineas eléctricas había entrado en contacto con un cable de alta tensión recibiendo una descarga que le hace perder el conocimiento y quedar colgado, a 12 metros del suelo, tan solo de su arnés de seguridad. Su compañero, aun colgados ambos del poste, logró reanimarlo de la forma que vemos en la fotografía. A este héroe, llamado J.D. Thompson, más allá de la admiración y reconocimiento general, no sabemos que premio le dieron.  La fotografía fue titulada "El beso de la vida" por el editor del Jacksonville Journal, periódico para el que trabajaba Morabito, y se publicó en la prensa de todo el mundo. El premiado fotógrafo caminaba hacia su coche cuando oyó un fuerte sonido que lo alertó y al ver lo ocurrido tuvo la presencia de animo de saber que debía hacer primero y utilizó su radio para indicar al periódico para el que trabajaba, que llamaran a una ambulancia y después coger su cámara para realizar la fotografía. Fue entonces, con la foto hecha, cuando intuyó que tenía algo bueno y volvió a llamar al periódico, que estaba a punto de cerrar la edición, para decirles: "Es posible que deseen esperar a esto. Creo que tengo una (fotografía) muy buena"

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miércoles, 18 de abril de 2018

La vejez y los hijos: Los "fakes" de Saramago



"Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo… ¡Qué importa eso!. Tengo la edad que quiero y siento. La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido. Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos. ¡Qué importa cuántos años tengo!. No quiero pensar en ello. Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo. Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte. Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos. Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven, no lo lograrás. Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza. Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada. Y otras en un remanso de paz, como el atardecer en la playa. ¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas… valen mucho más que eso. ¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!. Lo que importa es la edad que siento. Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos. Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos. ¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!. Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento"

Este texto viene siendo atribuido erróneamente en la red al premio Nobel de literatura, José Saramago. Es este un escritor que desde su muerte en 2010 ha sido objeto de la adjudicación de obras que realmente no salieron de su pluma, como este otro: "Definición de hijo" ya desmentido hasta la saciedad por la Fundación Saramago:

"Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y de nosotros aprender a tener coraje. Sí, Eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. Perder? cómo? No es nuestro? Fue apenas un préstamo… el más preciado y maravilloso préstamo, ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos, pues a nosotros ya nos bendijo con ellos".

Los textos están sin duda bien, pero no son de Saramago. Esa es la verdad.

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martes, 17 de abril de 2018

Ingmar Bergman y los Premios



En estas dos cartas, el director sueco Ingmar Bergman muestra su disgusto e incomodidad ante los premios , sean del tipo que sean; la primera está dirigida en 1960 a Lotte Eisner, fundadora de la Cinémathèque francesa, en relación al Festival de Cannes; la segunda, bastante más dura, y en el mismo año, a la Academia de Hollywood, cuando "Fresas salvajes" fue nominada a Mejor Película de Lengua No Inglesa, en vez de Mejor Película.

Carta 1.- A Lotte Eisner - Cinémathèque francaise

"Estimada Señora Eisner,
Siempre me alegra tener noticias de usted.
Por otro lado, nunca me gusta cuando alguien me habla sobre festivales y lamento especialmente que "El manantial de la doncella" vaya a proyectarse en el Festival de Cannes. Mucho me temo que, junto a Juegos de verano, es una de mis películas que más aprecio.
Me habría encantado hablar de la relación con el señor Sjöström, si no hubiera sido en Cannes. Pero odio ese mercado de carne y humillación mental."
En un festival uno pierde las esperanzas de ver el cine como arte.
Espero volver a tener noticias suyas pronto.
Con afectuosos saludos para el señor Langlois y usted."

Carta nº 2.- A la Academia de Hollywood

"Estimados señores,
Como Fresas salvajes no compite en los Oscar, creo que es un error nominar la película y por lo tanto deseo devolver el certificado de nominación.
He descubierto que la de los Oscar es una de las instituciones más humillantes del arte del cine, por lo que les pido quedar libre del interés de su jurado en el futuro.
Atentamente"

Esta entrada fue publicada originalmente por Celia Valdelomar en 2012 y se reeditada para adaptarla al nuevo formato de la página.

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El nacimiento de "Charlot"



"Sólo soy, sólo sigo siendo una sola cosa: un payaso. Eso me pone en un plano más alto que cualquier político"

Y si lo dice el amigo Charlie y visto los tiempos que corren... Pero vamos con el nacimiento del personaje más icónico de la historia del cine. Uno de los mayores aciertos del personaje de Charlot es su vestuario; esos zapatones y pantalones grandes, que aderezados con su sombrero bombín y su bastón le confieren al personaje una pretendida dignidad a la vez que un toque de comicidad y tristeza por aquello del "quiero y no puedo". Era lo que se dice un vagabundo con clase. La forma en la que Charles Chaplin conforma este vestuario para dar carta de nacimiento a Charlot, termina por convertirse en un inesperado homenaje a varios de los grandes cómicos de la primera época del cine. 

El caso es que en 1914 Charles Chaplin junto con otros grandes cómicos trabajaba para Mack Sennet quien le pidió a Chaplin que creara un nuevo disfraz para la película "Kid auto races at Venice" (1914) y que sería la primera en la que aparecería el inmortal Charlot.

Chaplin solo tenía claro de su nuevo personaje que este llevaría bastón y en realidad es esta la única aportación personal que hace al futuro Charlot, lo demás lo tomara de forma improvisada de los camerinos de los cómicos Fatty Arbuckle y Chester Conklin.

De esta manera aquellos pantalones siempre grandes y holgones que vestía Charlot pertenecían en realidad al orondo Arbukle. El sombrero pertenecía al padre de Minta Durfee que era la esposa de Arbuckle. La chaqueta era de Chester Conklin, aunque también hay quien apunta a Charlie Avery. El bigote salió de un trozo de pelo del comico Mack Swain. Los zapatos ocupan un papel principal en la construcción del personaje de Charlot, condicionando su forma de andar y su silueta. Como los pantalones, eran de una talla muy superior a la que gastaba Chaplin. Estos zapatos habían pertenecido a Ford Sterling, un cómico al que Chaplin había sustituido como protagonista de las obras de la Keystone. Los zapatones eran tan grandes que Chaplin tenía que cambiarlos de pie para lograr mantenerlos puestos sin que se le salieran y le permitieran caminar, condicionando eso si sus movimientos, haciéndolos curiosamente más chaplinescos.



El propio Chaplin cuenta en sus memorias como creo el personaje de Charlot:

"Iba de plató en plató mirando a los diversos equipos de trabajo. Todos tenían el aspecto de imitar a Ford Sterling. Eso me preocupaba, porque yo no encajaba en su estilo. El interpretaba un personaje de holandés fatigado, añadiendo replicas con acento holandés, lo cual era muy divertido, pero no le aportaba nada al cine mudo. Yo me preguntaba que esperaba Sennet de mí. Me había visto sobre el escenario y debía saber que no estaba allí para interpretar el mismo cómico que Ford, mi estilo era exactamente el contrario. Sin embargo, cada historia, cada situación concebida en el estudio, eran, conscientemente o no, para Sterling. Incluso Roscoe Arbuckle imitaba a Sterling"

Nos cuenta también Chaplin, que tras crear aquel personaje que se convertiría en uno de los iconos de todo un siglo, uno de los actores secundarios de la Keystone le comentó: "Muchacho has encontrado realmente algo, nadie le ha hecho reír tanto en el plató (a Sennet), ni siquiera Ford Sterling". Un personaje que llenó de risas toda una época y que aún hoy es el mejor antídoto contra el mal humor.


Y aunque este artículo habla del nacimiento de Charlot, sirve en realidad de homenaje a su creador, ya que ayer. 16 de abril, fue el aniversario, el 129 ya, del nacimiento del maravilloso Charlie Chaplin (1889 - 1977), el cineasta total, olvídense de Ford, Bergman, Fellini, Wilder, Huston, Wiler, Hitchcock o el que ustedes prefieran, nadie como Chaplin dominó con tanta excelencia todas y cada una de las facetas implicadas en la creación de una película, desde el guión, pasando por la música, producción, montaje, dirección, y por supuesto interpretación. ¡Un genio!

Selección de algunos momentos de las  películas de Charlot:




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lunes, 16 de abril de 2018

Ha fallecido el Sargento Hartman de "La Chaqueta metálica".



Sargento de artillería Hartman: - Soy el sargento de artillería Hartman, vuestro instructor jefe. A partir de ahora únicamente hablaréis cuando se os hable, y la primera y la última palabra que saldrá de vuestros sucios picos será señor. ¿Me entendéis bien, capullos?
Reclutas: - ¡Señor, sí, señor!
Sargento de artillería Hartman:- ¡Qué coño, no os oigo! ¡Gritad como si tuviérais huevos!
Reclutas:- ¡Señor, sí, señor!
Sargento de artillería Hartman: - Si alguno de vosotros, nenas, sale de esta isla, si sobrevivís al entrenamiento, seréis como armas, ministros de la muerte, siempre en busca de la guerra. Pero hasta ese día, sois una cagada. Lo más bajo y despreciable de la Tierra, ni siquiera algo que se parezca a un ser humano. Solo sois una cuadrilla de desgraciados, una panda de mierdas inútiles pasadas por agua. Como soy muy duro, sé que no voy a gustaros, pero cuanto peor os caiga, mejor aprenderéis. Soy duro pero soy justo, y aquí no hay ninguna intolerancia racial, no desprecio a nadie porque sea negro, judío, latino o chicano. Aquí todos sois igual de insignificantes. Y mis órdenes son acabar con todos aquellos que no sean capaces de dar la talla en mi amado cuerpo. ¿Me entendéis, capullos?


Sin duda alguna uno de los atractivos de "La chaqueta metálica" (1987), la sensacional película de Stanley Kubrick, es el periodo de instrucción de los soldados en la primera parte del film. Dos personajes se fijan en nuestra memoria con una fuerza inmensa: el soldado patoso al que daba vida Vincent D'Onofrio y el Sargento Hartman, el inflexible y durísimo instructor de artillería. El actor que daba vida a Hartman, Ronald Lee Ermey (1944- 2018 - EEUU) fallecido el pasado domingo, era ciertamente un sargento instructor de los marines ya retirado por las heridas recibidas en su estancia en Vietnam y Okinawa. Sus estudios de arte dramático le valieron para hacer papales de rol militar en "Los chicos de la compañía C" y "Apocalipse Now" previos a su elección para "La chaqueta Metálica".

Se cuenta que para dar más realismo a las secuencias de adiestramiento de los reclutas, el propio Ermey decidió no confraternizar con ninguno de los actores que participaban en las escenas; no se veían ni comían juntos, de modo que la única visión que tenían del brutal instructor es cuando aparecía enfundado en aquel impresionante uniforme lanzando improperios a diestro y siniestro. El resultado fue memorable y los actores ciertamente se ponían tan nerviosos y temerosos como lo harían verdaderos reclutas ante los gritos y gesticulaciones de un instructor todopoderoso, tanto, que a veces hasta olvidaban sus frases. 

Después de participar en más de 70 películas e incluso dar voz a los soldaditos de Toy Story, se puede decir que Ronald Lee Ermey era ya más un actor que un militar y a pesar de ello y del paso de los años, el propio Ermey contaba que cuando coincidia casualmente con alguno de los actores de "La chaqueta metálica" que tuvo bajo su "instrucción", todavía ninguno de ellos le dirigía la palabra. Su Sargento Hartman es sin duda un personaje icónico e inimitable aunque lo intentaran hasta la saciedad.

Como complemento os dejamos este vídeo en el que se recopilan algunas de las escenas en las que participaba el siempre iracundo Sargento Hartman. 




Aquí mi fusil, aquí mi pistola......

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domingo, 15 de abril de 2018

"The Beatles" y la triste historia de "Hey Jude"

Paul McCartney con Julian Lennon, el hijo de John

Parece que "Hey Jude", canción compuesta por Paul McCartney, y una de las más grandes canciones de la historia, en principio no se iba a llamar asi sino "Hey Jules". La canción se compuso para dar consuelo al pequeño Julian, de seis años, hijo de John Lennon con su primera esposa Cynthia Powell, de la que se estaba divorciando para dar formalidad a su relación con Yoko Ono.

Cynthia siempre fue una esposa en la sombra, escondida, secreta, pues se pensaba que no convenía que los fans conocieran su existencia y que uno de los Beatles con más gancho, Lennon, ya estaba casado y además tenía un hijo (Cynthia estaba embarazada cuando se casaron). Así, Cynthia no aparecía en ningún sitio, a pesar de que el matrimonio duró la etapa más gloriosa del grupo, desde 1962 a 1968. Brian Epstein el manager del grupo lo decidió así. A Lennon el éxito le golpeo fuerte, las tentaciones de las groupies que los seguían enloquecidas, los viajes…. El caso es que veía poco a su esposa e hijo que pasaban largo tiempo en un piso de Liverpool, sin contacto con el grupo. Cuando llegó Yoko Ono, todo lo que antes había sido secreto ahora era aireado con total libertad. Las dos caras de una misma moneda.

Bueno, volviendo a la canción, el caso es que McCartney fue un día a visitar a Cynthia para darle apoyo y en el camino, en el coche, compuso la canción "Hey Jules". De la canción decia el propio McCartney:

  "Empece con la idea de Hey Jules, que era Julian "And anytime you feel the pain, hey Jules, refrain, don't carry the world upon your shoulders" (y cada vez que te sientas dolido, Jules, contente y no cargues el mundo entero sobre tus hombros). Sabía que no iba a ser fácil para él. Siempre siento penas por los niños en un divorcio. Después cambié el nombre de la canción porque pensé que sonaba mejor".

Julian, que hoy día también se dedica a la música, tuvo que esperar veinte años para saber que aquella famosa canción estaba dedicada a su persona. De McCartney decía: «Paul y yo solíamos estar juntos mucho más tiempo del que estábamos mi padre y yo juntos. Teníamos una gran amistad y parece que hay más fotos de Paul jugando conmigo que las que tengo con mi padre». En la foto que encabeza el escrito vemos a McCartney con el pequeño Julian en brazos, y parece que Lennon en un segundo plano.

Para otros la canción era una letra que McCartney se dedicaba a sí mismo, motivada por los problemas que estaba teniendo con una novia en aquella época, Jane Ascher, y así lo cuenta Lennon, aunque éste en algún momento pensó que iba dedicada a él y su relación con Yoko Ono y así decía:
"Pero siempre la oí como una canción dedicada a mí. Si piensas al respecto... Yoko entra en la imagen. Él dice: 'Hey, Jude—Hey, John.' Sé que estoy sonando como uno de esos fanáticos que se involucran demasiado con algo, pero puedes escucharla como una canción para mí... Inconscientemente, él dijo 'Sigue adelante, déjame'. En un nivel consciente, él no quería que siguiera adelante". Así, cuando Lennon le dijo a McCarney que la canción trataba sobre él, McCartney lo negó, y le dijo a Lennon que había escrito la canción acerca de sí mismo, lo que abonaria la idea del automensaje por los problemas con Jane Ascher.

 En cualquier caso la idea de que va dedicada a Julian Lennon es la más aceptada y referida por todos, e incluso refrendada por McCartney como leíamos en sus propias palabras más arriba.

Otra curiosidad de la canción es que en el minuto 3 aproximadamente de la grabación original, a McCartney se le escapo un taco, algo del tipo "maldita sea", que se decidió dejar en la grabación a sugerencia de Lennon:

«'Paul golpeó un sonido en el piano y dijo una palabra malsonante, pero yo insistí en dejarla, enterrándola lo suficientemente bajo como para que no pudiera ser escuchada. La mayoría de la gente no se dará cuenta, pero nosotros sabremos que está ahí». Las cosas….

Más abajo tenéis un vídeo con la canción y sus subtítulos para sacarle toda la miga a la letra.




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sábado, 14 de abril de 2018

Miles Davis, las mujeres y el jazz.



“Desde el primer compás de un concierto soy capaz de adivinar qué hizo mi batería la noche anterior. Si no ha dormido no le queda nada.... las chicas siempre están ahí para arrebatarle la fuerza a los músicos. Son peligrosas. Por otro lado, son ellas quienes realmente tienen un feeling por la música. Nos hacen componer canciones de amor, todas esas canciones de amor, todas diferentes, son ellas…” 

Son palabras de "El principe de las tinieblas", que es uno de los apodos con el que se conoce al gran Miles Davis, uno de los pilares indiscutibles del jazz. Su disco "Kind of blue" es el álbum más vendido de la historia del jazz. Del be bop, al  jazz fusión pasando por el cool, Miles era un trompetista con una trayectoria profesional tan inclasificable como él mismo: "Rebelde y negro, inconformista, frío y con estilo, airado, sofisticado y ultra limpio, añade el rasgo que quieras: yo era todas esas cosas y más". Un genio sin duda fanfarrón y orgulloso de si mismo, cruel y vulnerable a la vez y con una única debilidad (aparte de las drogas): las mujeres. Arriba lo vemos en compañía de la enigmática Jeanne Moreau, actriz protagonista de "Ascensor para el cadalso" (1958), una buenísima película de cine negro francés dirigida por Louis Malle y para la que Davis compuso una sensacional banda sonora. En el vídeo que ponemos a continuación vemos un trocito de la película con el famoso paseo de la diva francesa con la música de Miles Davis de fondo. No cabe duda de que las mujeres son capaces de desatar la inspiración de cualquier hombre con el más sencillo de sus gestos, con tan solo andar por la calle mirando la vida a su alrededor. "Un ascenseur pour l'echafaud", si encontráis el disco con la banda sonora os encantará. Hora de ver caminar a la Moreau:





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viernes, 13 de abril de 2018

"El verdugo" real que inspiró a Berlanga



"Si existe la pena, alguien tendrá que aplicarla"

Eso le decía Pepe Isbert al pobre verdugo encarnado por Nino Manfredi en "El verdugo", una película en la que solo de un genio como Rafael Azcona, podía surgir la idea de convertir una historia de amor imposible en un rotundo alegato contra la pena de muerte. No cabe duda de que "El verdugo", obra de José Luis Berlanga, es una de nuestras mejores películas, una comedia macabra que nos cuenta la historia de un pobre empleado de pompas fúnebres (Nino Manfredi) del que huyen las mujeres por su siniestro trabajo y que se enamora de la hija (Enma Penella) de un verdugo a la que, a pesar de estar de buen ver, no se acercan los pretendientes por el trabajo de su padre (Pepe Isbert)

Total, que se juntan el hambre con las ganas de comer y el empleado se mete a verdugo para poder casarse con aquella chica después de ser sorprendido metido en faenas horizontales con ella, y como la economía no les daba para mucho, lo convencen para tomar el puesto de su suegro que está a punto de jubilarse como verdugo. Hombre de pocas carnes, solo accede después de que le aseguren que los verdugos son una figura que prácticamente está en desuso y que con seguridad ya no tendría que ajusticiar a nadie, beneficiándose eso si del estatus de funcionario público para conseguir una vivienda. Por supuesto en una película que se llama así, los nubarrones tenían que aparecer en un momento u otro y finalmente, el pobre diablo será llamado para ajusticiar a una persona, situación que el verdugo creía descartada y para la que no está en absoluto preparado. Un trance de que intentará huir renunciando a todo si hace falta, pero al que se tendrá que enfrentar contra su voluntad con unos buenos lingotazos de coñac y llevado a empujones por los guardias hasta el garrote para cumplir con su siniestro deber.

Pocos saben que esta película rodada en 1963 (Dios sabrá como sorteó la censura) se basa en un caso real, el vivido por Antonio López Sierra, un verdugo que, si bien no era novato en su oficio como el de la película, si que se encontró con la novedad de tener que ajusticiar por garrote vil a una mujer joven, algo que nunca le había sucedido -parece que años antes había ajusticiado a otra mujer-. La mujer en cuestión era Pilar Prades, la conocida como "Envenenadora de Valencia", un angelito que para intentar medrar mataba a las señoras para las que trabajaba con veneno para hormigas. En 1957 fue condenada a muerte y en 1959, con tan solo 31 años, se cumplía la condena. Para el verdugo, el mentado Antonio López Sierra, aquello de tener que ajusticiar a una mujer nuevamente y además joven era algo para lo que no estaba preparado. Con los años contaría: “Una de las primeras condiciones que se debían poner al entrar en este destino es la de no tener que ejecutar nunca a una mujer. Ejecutar a una mujer es peor que ejecutar a treinta hombres. Tener que hacerlo con una mujer es lo más duro, y más con una muchacha joven de carnes tan blancas como aquélla”.

La autoridades intentaron darle ánimos para la ejecución a base de coñac (como en la película), pero sin el más mínimo resultado; rogaba que se esperase a que llegara un indulto para la condenada que nunca llegó, enseñaba las fotos de su familia, imploraba que se le liberara de aquel deber, mientras al final de la sala la condenada gritaba pidiendo clemencia. Una verdadera escenita.... Por últimol y ante tanta demora, al verdugo lo tuvieron que arrastrar por la sala, tal y como ocurre en la película, hasta la condenada para que cumpliera con su deber. Pasado el mal trago, Antonio López Sierra siguió dándole a la manivela durante años, hasta jubilarse en 1975. Entre los ajusticiamientos famosos "que pasaron por sus manos" figuran los de Jarabo (días después del de la envenenadora) o el de Salvador Puig Antich, ambos ciertamente dantescos por como se desarrollaron los hechos y por encontrarse al parecer bajo los efectos del alcohol.

Un abogado que había estado presente en el trance del ajusticiamiento de  Pilar Prades le contó la historia de como se sucedió todo a Berlanga y este a su vez a Rafael Azcona que se encargó de realizar un maravilloso guión con aquel suceso. Para la película se ayudaron también de detalles de otros profesionales del garrote vil, y así el verdugo al que da vida Pepe Isbert se basa en el burgalés Gregorio Mayoral, al que apodaban "El abuelo", incluso el viajecito que en la película se dan a Mallorca se basa en un suceso vivido por el verdugo Florencio Fuentes que hubo de trasladarse hasta las Baleares para un ajusticiamiento. 

Pero no solo la realidad inspiró una película, puede que la película también inspirara a un personaje real. Y es que con los años y con posterioridad a la película se dio un caso muy parecido en la persona de José Moreno Moreno (para otros José Monero Renomo), que se metió a verdugo en 1972 para sustituir la vacante dejada por un verdugo fallecido. Vendedor de libros, Moreno vio en el puesto de funcionario una oportunidad para prosperar, pensando además que nunca tendría que ejercer su oficio, parecía claro que el garrote vil había pasado de moda y la verdad es que casi acierta. La mala suerte quiso que le llamaran para realizar el ajusticiamiento de Heinz Ches (acusado de la muerte de un guardia civil), la última muerte por garrote efectuada en España y coincidente en el día con la de Salvador Puig Antich, al que ajustició el ya nombrado Antonio López Sierra, inspirador de la película, de modo que curiosamente parecía cerrarse un círculo. Cuando a Moreno le llegó la orden de que se presentara para el ajusticiamiento quiso rechazarla y solo después de muchas amenazas se decidió a cumplir con su deber, ocultándolo eso si a su familia, a la que dijo que debía desplazarse fuera por un viaje de negocios. Por su impericia, la ejecución fue ciertamente aberrante. No advirtió el muchachito la falta de un poste al que fijar las palomillas que debían sujetar el garrote, teniendo que ajustar el anillo de hierro al cuello del reo mediante el uso de cuerda y tela de saco. El mecanismo era tan improvisado e ineficaz y el verdugo tan inexperto que tuvo que repetir la ejecución en tres ocasiones, llegando a recibir hasta algún pescozón de los carceleros, desesperados con su falta de buen hacer y por el dantesco sufrimiento que estaba causando al condenado y a todos los presentes. Tal fue el horror que sobre el suceso se impuso la ley de silencio. Al abolirse la pena de muerte en 1977, Moreno fue despedido sin contemplaciones y sin previa notificación. Solo hizo un ajusticiamiento, pero dada la forma en la que fue despedido, demandó al Estado y obtuvo una pequeña indemnización por los años de servicios prestado. ¡Unos personajes, estos, nuestros "queridísimos verdugos"! como diría Basilio Martín Patino.

Título original: El verdugo
Año: 1963
Duración: 90 min.
País: España 
Dirección: Luis García Berlanga

Reparto: José Isbert,  Nino Manfredi,  Emma Penella,  José Luis López Vázquez,  Ángel Álvarez, María Luisa Ponte,  María Isbert,  Julia Caba Alba,  Guido Alberti,  Erasmo Pascual, Xan das Bolas,  José Orjas,  José María Prada,  Félix Fernández,  Antonio Ferrandis, Lola Gaos,  Alfredo Landa,  José Sazatornil,  Agustín González,  Chus Lampreave, José Luis Coll,  José Cordero,  Pedro Beltrán,  Dolores García,  Emilio Laguna, Enrique Tusquets,  Enrique Pelayo

Guion: Rafael Azcona, Luis Gª Berlanga, Ennio Flaiano

Música: Miguel Asins Arbó
Fotografía: Tonino Delli Colli (B&W)

Productora: Coproducción España-Italia; Naga Films / Zabra Films
Premios: 1963: Festival de Venecia: Premios FIPRESCI






Fuentes: 
http://www.canaltcm.com/2016/05/20/el-verdugo-reticente-la-anecdota-que-inspiro-a-berlanga/
https://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_L%C3%B3pez_Sierra
https://es.wikipedia.org/wiki/Pilar_Prades_Santamar%C3%ADa
https://www.filmaffinity.com/es/film411856.html

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jueves, 12 de abril de 2018

"El Dr. Jekyll y Mr. Hyde" - R.L. Stevenson


“—Muy bien —replicó el visitante—. Lanyon, recuerda tu juramento. Lo que vas a ver debe quedar bajo el secreto de nuestra profesión. Y ahora, tú que durante tanto tiempo has mantenido las opiniones más estrechas de miras, tú que has negado la existencia de la medicina transcendental, tú que te has reído de los que te superaban en saber, ¡mira!

Y diciendo esto se llevó el vaso a los labios y se bebió el contenido de un golpe. Dejó escapar un grito, giró sobre sí mismo, dio un traspié, se aferró a la mesa y allí quedó mirando al vacío, con los ojos inyectados en sangre y respirando entrecortadamente a través de la boca abierta. Y mientras le miraba, me pareció que empezaba a operarse en él una transformación. De pronto comenzó a hincharse, su rostro se ennegreció y sus rasgos parecieron derretirse y alterarse. Un momento después yo me levantaba de un salto y me apoyaba en la pared con un brazo alzado ante mi rostro para protegerme de tal prodigio y la mente hundida en el terror.

—¡Dios mío! ¡Dios mío! —repetí una y mil veces, porque allí, ante mis ojos, pálido y tembloroso, medio desmayado y tanteando el aire con las manos como un hombre resucitado de la tumba, estaba Henry Jekyll.”

"El extraño caso del Doctor Jekyll y el Señor Hyde" fue escrita en 1886 por Robert Louis Stevenson y más allá de considerandos psiquiátricos, de identidades múltiples o del trastorno disociativo de identidad, habla sobre todo del bien y el mal que anida en cada uno de nosotros, un tema sobre el cual, Stevenson estaba especialmente interesado y sobre el que buscaba la forma de unir esa dualidad que vive en todo ser humano en una misma historia.

Sobre la génesis de la obra, la señora Stevenson contaba:

"A altas horas de la mañana fui despertada por gritos de horror de Louis. Pensando que tenía una pesadilla le desperté. Él me dijo furioso '¿Por qué me has despertado? Estaba soñando un dulce cuento de terror.' Yo le había despertado en la escena de la primera transformación".

Y su hijastro Lloyd Osbourno daba algunos detalles más:

"No creo que haya habido antes una hazaña literaria como la escritura de Doctor Jekyll. Recuerdo su primera lectura como si fuera ayer. Louis bajó enfebrecido, leyó casi la mitad del libro en voz alta; y luego, cuando todavía estábamos jadeando, él ya estaba otra vez lejos ocupado en la escritura. Dudo que la primera versión le llevara más de tres días".

La obra fue un éxito inmediato, que pronto llegaría a los teatros y con el tiempo al cine.

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miércoles, 11 de abril de 2018

Einstein y el "Efecto Mozart"



Nada descubrimos con los beneficios que la música puede reportar al espíritu, ya lo sabía bien nuestro Felipe V cuando se hacía acompañar de los trinos del gran Farinelli, el rey de los castrati, para atenuar su entonces llamada "melancolía" y que probablemente hoy sería diagnosticada como depresión. No es nada nuevo, la cosa viene incluso de los tiempos de Pitágoras, Platón o Aristóteles; de hecho todos ellos hablaban de la influencia de la música en el ánimo. Musicoterapia lo llaman y no sé a ustedes pero a mi ciertamente hay momentos en que la música me infunde ánimos. Otra cosa bien distinta es el tema del controvertido "Efecto Mozart". Parece que Albert Einstein, gran aficionado a la música clásica y violinista en sus momentos de ocio matemático, comentó que durante el tiempo en el que estuvo ideando su famosa teoría de la relatividad tenía especial predilección por la Sonata para dos pianos K 448 de Mozart de la que llegó a decir "es una de las más profundas y maduras de todas las composiciones escritas por el compositor” y parece ser que era la banda sonora habitual de sus pensamientos en aquella época. De hecho Einstein, mantenía que mientras Beethoven creó su música, la de Mozart "era tan pura, que parecía haber existido en el universo desde siempre, esperando a ser descubierta por su dueño", algo así como las leyes que gobiernan ese universo, como una música de las esferas en forma de números.

Puede que por ello, esta sonata, compuesta por Mozart a los 25 años, fuera la pieza elegida para realizar algunos experimentos relacionados con la inteligencia y cuyos resultados llegaron a publicarse en la revista científica "Nature" en 1993. Según estas pruebas, a cargo de la psicóloga Frances Rauscher y su equipo, se tomó un grupo de 36 universitarios que se dividió en tres grupos; al primero se le exponía a la referida sonata para dos pianos, al segundo a instrucciones de relajación y al tercero al silencio. Posteriormente se les sometía a unas pruebas de razonamiento espacial en las que tenían que averiguar que forma tendrían unos pedazos de papel tras ser doblados y cortados. El caso es que el grupo que escuchaba a Mozart lograba unos resultados realmente sorprendentes al predecir en un 62% más las formas que surgirían del papel que cuando habían estado con la relajación o en silencio. Lo malo es que esos efectos no eran duraderos y se reducían a los 10-15 minutos posteriores a la estimulación musical.

No sé si la teoría de la relatividad estará muy influenciada por las notas musicales de Mozart, pero el estudio sonaba tan bien, que no fueron pocos los avispados comerciantes que inundaron el mercado con discos de Mozart, amparados en aquel supuesto "efecto" milagroso que nos haría a todos más inteligentes aunque fuera por 10 minutos. Los niños empezaron a escuchar a Mozart antes de nacer e incluso hubo equipos de rugby que escuchaban a Mozart durante sus entrenamientos... sería para entender mejor las jugadas. Un verdadero sinsentido.

No cabe duda que la estructura de la sonata de Mozart, realmente ágil e imaginativa, puede estimular sensorialmente a una persona (como tantas otras) y predisponer nuestra mente para lograr unos mejores resultados a continuación -como el que hace un calentamiento antes de una competición deportiva- pero de ahí a pensar que la audición de una pieza musical concreta  va ha convertirnos en personas más inteligentes hay un trecho demasiado largo. De hecho estudios posteriores han sido muy críticos con el efecto Mozart aunque alguno se mantiene todavía en sus trece y sostiene que escuchar la mentada sonata incluso puede ser beneficioso para las personas que padecen epilepsia y reduciría la frecuencia de los episodios de crisis.

La pieza, Sonata para dos pianos K 448, es la única compuesta por Mozart para dos pianos, data de 1781 y tiene tres movimientos (Allegro con spirito, Andante y Molto Allegro) repletos de melodías entrelazadas, resultando al oído juguetona, chispeante y amable, como solía ser mucha de la música de Mozart. Y aunque pudiera ser que no nos haga más inteligentes desde luego escucharla en las manos de Daniel Barenboim y Martha Argerich no nos va a hacer ningún mal, así que estimulémonos un poco:




Las imágenes han sido tomadas de las siguientes páginas:
http://www.teatromunicipaltemuco.cl/2018/04/sinfonias-para-mozart/
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